A las mujeres de hierro, corazón de León, las Juana´s Inés de nuestros días.

A los siete años, sabía leer y escribir; siendo todavía una niña devoró los libros de la biblioteca de su abuelo sin que bastasen castigos ni represiones; más tarde, quiso ir a la Universidad vestida de hombre y, ante la negativa materna, se consoló con la lectura y estudio de cuantas obras tenía a su alcance.
Durante cuatro años, Juana Inés permaneció en la Corte como dama de honor de la marquesa de Mancera, periodo crucial en el que se fraguó la decisión que determinaría el rumbo de su vida: su profesión de monja.

¿Y el matrimonio? En la sociedad novohispana, como en la hispanoamericana de nuestros días, matrimonio y desenvolvimiento cultural de la mujer son términos frecuentemente inconciliables. La arrogancia e inseguridad masculinas, la incapacidad de la mayoría de los varones de aceptar en la práctica la igualdad de derechos y deberes con sus cónyuges, enfrentan a las muchachas vivas y estudiosas a un dilema arduo.

Ayer los claustros, hoy los departamentos de Ciencias o Humanidades: la soledad de Sor Juana por amor al saber anticipa la de millares de mujeres en el ámbito de nuestros países. Obligadas a escoger entre un matrimonio a menudo embrutecedor y la profesión universitaria, han optado como ella por la compañía silenciosa de los libros en vez de una situación de dependencia y barbecho intelectual.

La dificultad de algunas sociedades y medios de formar una pareja sobre bases de comunicación moral y afectiva, las obliga a refugiarse en el mundo de las palabras y las ideas.

El precio pagado es sin duda alto pero la facultad de realizarse en el campo vocacional de su profesión se revela a la larga más enriquecedora.

Relato extraído del libro: El bosque de las letras, de Juan Goytisolo,
Editorial ALFAGUARA .pp.48-51

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