La Sociedad Abierta de George Soros...

George Soros, de la London School of Economics, mientras era estudiante se familiarizo con la obra de Karl Popper, que tuvo gran influencia en su pensamiento.
 
El término sociedad abierta fue acuñado por Karl Popper en su obra La Sociedad Abierta y sus Enemigos. Cuando el libro se publicó en 1944, la sociedad abierta estaba amenazada por regímenes totalitarios como la Alemania nazi y la Unión Soviética, que utilizaban el poder del Estado para imponer su voluntad al pueblo. El concepto de sociedad abierta podía entenderse fácilmente comparándolo con las sociedades cerradas que las ideologías totalitarias fomentaban.
 
Esto siguió siendo cierto hasta el hundimiento del imperio soviético en 1989. Las sociedades abiertas del mundo a las que suele agrupar bajo el nombre de Occidente mostraron una cohesión considerable frente al enemigo común. Pero tras el desmoronamiento del sistema soviético, la sociedad abierta, con su énfasis en la libertad, la democracia y la supremacía de la ley, perdió gran parte de su atractivo como principio organizador y el capitalismo global emergió triunfante.
 
Como ciudadano, me preocupan los valores sociales: la paz, la justicia, la libertad, o lo que sea. No puedo dar expresión a estos valores como actor del mercado. Supongamos que las reglas que rigen los mercados financieros deban cambiarse. No puedo cambiarlas unilateralmente. Si me impongo las reglas a mí mismo pero no a los demás, afectarían a mi propia actuación en el mercado pero no afectarían a los que sucede en los mercados porque ningún actor por sí solo se supone capaz de influir en el resultado.
 
Debemos distinguir entre elaborar las reglas y actuar conforme a esas reglas. La elaboración de las reglas supone decisiones colectivas, o política. El acatamiento de las reglas supone decisiones individuales, o comportamiento del mercado. Lamentablemente, la distinción rara vez se observa. La gente parece votar en gran medida con el bolsillo y presiona para que aprueben disposiciones legales que beneficien los intereses personales. Y lo que es peor, los representantes elegidos también anteponen con frecuencia sus intereses personales al interés común. En vez de defender ciertos valores intrínsecos, los dirigentes políticos desean ser elegidos a toda costa; y en virtud de la ideología dominante del fundamentalismo del mercado, o individualismo sin ataduras, esta forma de comportamiento se considera natural, racional e incluso quizá deseable para los políticos.
 
Esta actitud hacia la política va en detrimento del postulado sobre el que se construyó el principio de la democracia representativa. La contradicción entre los intereses personales y públicos de los políticos siempre ha estado presente, naturalmente, pero se ha agravado sobremanera debido a las actitudes dominantes que anteponen el éxito medido en dinero a valores intrínsecos como la honestidad. Así pues, la supremacía del afán de lucro y el ocaso de la eficacia del proceso de toma de decisiones colectivas se han reforzado mutuamente de manera reflexiva. La promoción del interés personal a la categoría de principio moral ha corrompido la política y el fracaso de la política se ha convertido en el argumento más poderoso en favor de conceder a los mercados más carta blanca si cabe.
 
México, no es la excepción de una sociedad abierta contaminada de políticos sin escrúpulos y sinvergüenzas.
 
Del libro: Soros, George, La crisis del capitalismo global, la sociedad abierta, Edit, Plaza&Janés, 2da Ed. México, 2003, pp. 23-28

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